
Para empezar entonces, además de considerar la distribución de casas y planetas – que son de vital importancia – debemos tomar en cuenta otros elementos que nos conectan con la funcionalidad que tiene nuestro ser en el contexto en que hemos nacido. Uno de los primeros puntos al que haremos referencia es a esta premisa del “espacio como una entidad”,
como bien explica el profesor Eugenio Carutti en su libro “Ascendentes en Astrología – 1ra. Parte”:
“Usualmente, cuando decimos espacio, imaginamos una entidad vacía en sí misma, en la cual se sitúan otras entidades. Por ejemplo, cuando pensamos en el universo, suponemos que el espacio es algo que existe de por sí, sin una relación estructural con los objetos que lo ocupan; como si fuera exterior a ellos. Nuestra percepción intuitiva imagina el espacio como algo previo, dentro del cual las cosas caen. No concebimos que lo vació y lo lleno pueden ser dos aspectos de lo mismo y, en consecuencia, no advertimos la actividad que posee lo que nosotros llamamos espacio”
De esta manera podemos apreciar cómo el espacio es estructural a todo ser vivo no existe fuera de él sino en él.
Por lo tanto para obtener un cuadro más completo de lo que encarna ese ser es necesario considerar el espacio en que su nacimiento se ha producido. Y al decir “espacio” nos referimos al conjunto de energías imperantes en el momento en que el nacimiento tuvo lugar, lo cual evidentemente incluye al entorno primario, pero además toma en consideración su país de origen, las pautas culturales, los movimientos sociales imperantes en ese momento y por último, y no menos importante, las condiciones mundiales que reciben a ese ser. Normalmente estas no son tenidas en cuenta, a menos que la persona haya nacido en medio de una guerra o en circunstancias de catástrofe, por considerarlas muy alejadas de la “realidad cotidiana”.
Como hemos visto anteriormente, somos seres constituidos de energía vibratoria en constante interrelación con las demás energías del universo y funcionamos como polos de recepción y emisión de las mismas. Así, no podemos dejar de considerar que los hechos que se manifiestan en todo el planeta van a afectar nuestra individualidad y su desarrollo, y que nuestra reacción frente a esas influencias recibidas va a modificar nuestro entorno de alguna manera.
Estas influencias y el resultado de su impacto en la constitución de nuestra individualidad, es lo que como astrólogos somos responsables de investigar, ya que esas pautas afectan no sólo la personalidad, sino que además estimulan el descubrimiento de un sentido de vida, o trabajo personal, y lo que fundamentalmente olvidamos con frecuencia, nuestra participación en el desarrollo colectivo.
El círculo y la cruz: el espíritu amorfo e ilimitado hecho materia
Continuemos entonces profundizando en el simbolismo del zodíaco. Además del “espacio” del que ya hemos inferido su relación sobre nosotros, veamos ahora los dos símbolos primarios que dan marco al zodíaco: el círculo y la cruz – cuya gráfica ya hemos presentado en el punto “La Ley de Analogía”.
En principio será necesario aclarar el concepto de lo que entendemos por símbolo. Carl. G. Jung en su libro “El Hombre y sus Símbolos” nos lo define así:
“Lo que llamamos símbolo es un término, un nombre o aún una pintura que puede ser conocido en la vida diaria aunque posea connotaciones específicas... así es que una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto “inconsciente” más amplio, que nunca está definido con precisión o completamente explicado... Cuando la mente explora un símbolo se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón... Como hay innumerables cosas más allá del alcance del entendimiento humano, usamos constantemente términos simbólicos para representar conceptos que no podemos definir o comprender del todo”
Ahora bien, tanto el círculo como la cruz tienen connotaciones específicas – según los términos de Jung – ya que son elementos geométricos que utilizamos para plasmar formas, pero desde lo astrológico, nuestro interés será descubrir ese “aspecto inconsciente más amplio” que va más allá de lo obvio y que simbolizan la superposición del círculo y la cruz. Veamos a continuación en palabras del Prof. Eugenio Carutti lo que nos dice al respecto:
“Estoy estableciendo una relación entre el círculo – esto es, lo infinito, aquello que no tiene forma, lo amorfo, el Cielo – y la cruz – lo que tiene forma, lo que tiene límite, la materia. La cruz es el cuatro, el cuadrado, la energía estabilizada como forma... De aquí proviene el simbolismo de la crucifixión: la entrada de lo infinito en la forma... el símbolo de la carta natal está expresando el Cielo en la Materia, lo infinito en lo finito en una relación que, al mismo tiempo, unifica y distingue dos conceptos fundamentales para nosotros: energía y materia”
Tomando en cuenta todo lo dicho podemos deducir que la carta natal es un símbolo y que representa la forma que tomó el cielo en la tierra en un determinado momento. Como toda forma la carta natal posee una estructura – que es la que observamos en forma directa al ver el dibujo de sus símbolos - pero a diferencia de otras estructuras que podamos conocer, la carta natal es una estructura dinámica. ¿Qué queremos expresar con esto? Que este símbolo encierra un significado que no es evidente y que como diría Jung, está más allá de nuestra comprensión inmediata. La estructura de la carta natal encierra dentro de sí una totalidad y el dibujo que refleja representa una modalidad de despliegue o expresión de esa totalidad. A este tipo de simbología se la denomina Mandala.
Este es un concepto tomado de las filosofías de oriente que hace referencia a la relación que existe entre “una de las partes y el Todo”- y particularmente en el caso de la astrología podemos aplicarlo en el sentido de expresar “la totalidad del cielo” encarnando en la tierra (forma) con una particular modalidad de expresión.
Según las palabras de Prof. Eugenio Carutti:
“... la carta natal es un caso particular de símbolo... llamado mandala... Se trata de un símbolo que aparece espontáneamente en el psiquismo cuando hay algún contacto entre la conciencia habitual y algún nivel de totalidad. Cuando esto ocurre, el inconsciente simboliza – o sea confiere forma – con un mandala.”
Si bien es honesto reconocer que esta premisa puede ser utilizada correctamente a la hora de emprender un determinado proyecto en la vida, para conocer si será favorable o no su desarrollo, no contribuye al crecimiento de las personas si se encara como la búsqueda de una receta para nuestras “dolencias”.
La Carta Natal como Plan de Vida
Según esta mirada que les hemos presentado, carta natal es la forma simbólica que representa la calidad de tiempo imperante en el momento en que un ser humano entró en esta existencia. El desarrollo de lo que está implícito en esa carta natal es su tarea de vida, su programa de aprendizaje. La forma en que ese ser humano lo llevará a cabo está en parte determinado y en parte no.
Aquí vamos a poner en claro el tema del determinismo para no tener que cargar con ello a futuro: la parte que concierne al destino humano que está predeterminada corresponde a la forma en que su energía vital encarnó en esta tierra.
Ejemplo: si alguien nació en Saturno cuadratura Sol – esto quiere decir que su identidad (representada por el Sol) tendrá una determinada cualidad (que está representada por Saturno) y esta cualidad es INHERENTE a ese ser humano, NO PUEDE DEJAR DE SER ASI. Ahora, la forma en que ese ser humano elija desarrollar esa cualidad, ES SU PRERROGATIVA, o sea que aquí interviene el llamado “libre albedrío”.
Vamos a dar un ejemplo común: nos sentamos a jugar a los naipes con un grupo de amigos. Las cartas que recibo (boca abajo) no las conozco hasta el momento en que los doy vuelta. Esos naipes son el ejemplo de la forma que tiene nuestra carta natal – y son mi destino. Los recibo sin poder hacer nada por modificar “esa primera mano”. Lo único que está en mis manos hacer – mi creatividad personal, mi libre albedrío – es la forma en que decido jugar las cartas. Por cierto que tampoco conozco las cartas de los que juegan conmigo hasta que ellos deciden “bajar algo”. Dentro de este juego la Astrología nos permitiría aprender a optimizar el uso de nuestras cartas para lograr desarrollar lo mejor de nosotros – o sea ganar nuestro “propio partido”.
Este es un ejemplo muy sintético para demostrar que no es justificada la aversión al determinismo, pero tampoco debería ser idolatrado el libre albedrío, ya que todos los seres humanos estamos mucho más condicionados en nuestras decisiones de lo que nos gustaría admitir.
Como ya hemos mencionado, la herencia como especie, la influencia cultural, familiar, racial y sin contar el legado del inconsciente colectivo como seres pertenecientes a la Humanidad, no deja de abrirnos un gran interrogante cuando decimos “yo decido esto” ¿quién es ese “yo” que decide?
A medida que profundicemos en nuestro estudio encontraremos probables respuestas a esto.
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